Dic 09 2009

Kasi todo lo ke haga será insignifikante, pero es muy importante ke lo haga.

Tag: Kalvellidografíakalvellido @ 10:12

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Haidar y Gandhi contra el Estado

por Manuel F. Trillo

¿Alguien se imagina al Estado Español alimentando forzosamente a Gandhi? ¿Alguien se imagina al Estado británico metiéndole una sonda nasogástrica al símbolo de la desobediencia civil y del pacifismo? ¿Alguno de los lacayos jurídicos del demofascismo español forzaría la alimentación con sus propias manos de Aminatou Haidar? ¿O, por el contrario, animarían a que lo hicieran los médicos mientras ellos corren a sentarse delante de la televisión para ver cómo sus tesis totalitarias triunfan una vez más? ¿Pueden los médicos objetar a cumplir una orden judicial de alimentación forzosa a Haidar, tal como hacen quienes objetan por otros motivos ideológicos? ¿Cumpliría la orden un médico antiabortista? ¿Por qué calla Rouco Varela y Martínez Camino ante el crimen que se está promoviendo a cámara lenta contra la saharaui Haidar? ¿Acaso su cristianismo no les alcanza caridad suficiente porque es una extraña y además musulmana?

Lo que interesa en este caso es la respuesta que el demofascimso español –de la tiranía marroquí ya se sabe todo, es criminal sin ropajes- da a la situación de alguien que como Haidar decide hacer huelga de hambre. Y aquí es donde encontramos a los sirvientes, a los domésticos del Estado con toga y cátedra incluidas, para salvar la cara de un Estado que pretende inmiscuirse en todos los ámbitos –públicos y privados- de una persona. El mismo derecho que amparaba a Gandhi ampara a Haidar, pero los tiempos han permitido a los Estado esconderse bajo la manta del cinismo enarbolando la bandera de unos Derechos Humanos –“el derecho a la vida”- que son pura bazofia cuando ellos los mencionan. Tienen la boca demasiado sucia –los gobernantes y sus criados jurídicos- pues se olvidan conscientemente de que también hay interdicción absoluta a la práctica de la tortura, así como de cualquier práctica basada en la humillación y la vejación de la persona. La dignidad de las personas es un valor supremo, inalienable, y nadie que mencione su propia dignidad puede ser castigado, ni tan siquiera zaherido por ello. Sabemos que el Estado –todo Estado, no importa si con urnas o sin ellas- es el único violador de los Derechos Humanos, y los viola de modo sistemático por sus gobernantes (sean Aznar o Zapatero, González o Suárez, o el mismísimo valedor de todos ellos: Su Majestad El Rey Juan Carlos I de España, causante directo junto con su tutor legal el dictador Francisco Franco de la tragedia del pueblo saharaui desde 1975). Imaginen por un momento la cara que se le pone a Rubalcaba cuando le mencionan los Derechos Humanos –todos se la hemos visto “cienes y cienes” de veces-, el gesto insulso de Moratinos, o la sonrisa del juez que fue a fiscalizar a Aminatou Haidar (“de qué se ríe”, le espetaron los que estaban allí, y él se vio pillado en su defecación hilarante extendiendo los brazos y mustiando una disculpa estúpida). Eso es lo que produce en el Estado y sus servidores la mención de los Derechos Humanos: risa. Pero Haidar no está para reír, no está para guasas, no está jugando con la vida de los demás, no está de broma.

Porque no está de broma Haidar, todos los botafumeiros de la prensa del Estado –toda la que se vende en los kioskos y las emisoras de radio y televisión- reproducen un cantilena –peroración indecente- echando balones fuera y acusando a la mismísima Haidar –que ningún daño hace a nadie, ni tan siquiera a estos difusores del demofascimo que tanto daño le pretenden causar a ella- de “poner en jaque al Estado”. Exactamente, el espejo de los derechos individuales refleja imágenes insoportables para quienes velan por el poder de la clase dominante desde las poltronas gubernamentales. Cínicamente declaran que todo ser humano es libre, y a renglón seguido matizan esa libertad, la matan de un tajo como verdugos que son, al situar la razón de Estado como centro neurálgico de toda existencia.

En la granja de Orwell el cerdo gobernaba a su antojo, y así es como gobiernan los que detentan el Estado que pretenden calificar como de Derecho. No somos los animales del resto de la granja, y Aminatou Haidar, como antes Gandhi y tantos otros, demuestra que la diferencia entre el animal que gobierna y el ciudadano que ejerce derechos hay una línea finísima que se llama dignidad. El totalitarismo barnizado, como ideología dominante actual, busca una salida, y para ello pone a sus criados –juristas y propagandistas- a rebuznar en los medios de comunicación afines al poder dominante.

Algunas joyas informativas

Baste con extraer algunas frases de estos criados tan serviciales para darse cuenta del papel tan indecente que juegan, ellos que se tildan de intelectuales, y que por mor de su posición y oficio “educan” a los ciudadanos en la sumisión y la obediciencia. “Huelga de hambre, sí, pero por dios, hasta un límite”. “No se puede morder la mano del amo, España la acogido, no puede agredir a España de este modo”. “La huelga de hambre tiene un límite, y no dejaremos que se muera porque el derecho a la vida lo protege el Estado”. “ El Tribunal Constitucional permite la alimentación forzosa”. “El Estado debe velar por la vida de una persona que se encuentra en un espacio público”. “No podemos dejar que una persona se muera por falta de alimentación y de acuerdo con nuestras leyes se va a proceder” –dice el inefable estudiante de Primero de Derecho y, sin embargo Ministro, José Blanco. La catedrática progresista que plantea una trampa cuando habla “si estuviera fuera del aeropuerto no se la podría privar del derecho a morir”, como si los Derechos Humanos tuvieran fronteras y el derecho a decidir sobre la propia vida tuviera límite alguno. O la de ese otro “cuando su vida esté en peligro sí se la puede alimentar”, y este cabeza hueca no se percata que haciendo extensivo este “derecho” del Estado debiera de proteger a todos cuantos ponen en peligro su vida porque fuman (y mira que se les advierte, “Fumar puede matar”).

Quienes se acojan a las sentencias de ese Tribunal Constitucional –cada vez menos tribunal y menos constitucional- deberán advertir que la saharui Aminatou Haidar no está presa. No ha cometido delito alguno. Que el propio TC ha respetado la libertad de morirse como quiera a un testigo de Jehová (“no se transfunde sangre de otra persona”), y que el Derecho no puede ser arbitrario, pues de otro modo todos ellos sobrarían en las aulas – de los “opinadores” en los medios de comunicación no hablo, ellos son “sabios de nada”- , y deberían enseñar que los derechos subjetivos son meras concesiones en el mejor de los casos, y siempre es una pantalla impúdica del poder dominante. El sueldo se lo tienen bien ganado, como bien ganado lo tienen esos diputados que aparecen en la foto junto al desmañado Moratinos, todo ellos tan juntitos para “salvar a España” mientras el tirano se muere de la risa y disfruta de los bienes usurpados a los saharauis.

Alimenten a Gandhi, que se muere de hambre. Alimenten a Aminatou, que se quiere morir de hambre, y no es posible que la dignidad de una persona venza a todo un Estado. Este es el pensamiento de quienes quieren ver sometidos bajo su zapato a toda la humanidad. Han dado en hueso, y la vida propia es propia, y en ella manda la persona. Hagan esta prueba: manden una carta al juez advirtiéndole de que se van a suicidar, mándenla 100, 200 ,…, y verán cómo el juez sonriente de Lanzarote no aparece por ningún lado para evitar el suicidio de nadie (al fin y al cabo todos nos vamos suicidando poco a poco por los contaminantes y peligros existentes) bajo la fórmula sagrada para el juez de “es su voluntad”.

Pues esta es la voluntad de Aminatou Haidar. Y por otro lado no se puede alimentar forzosamente, pues es una tortura indeseable, propia de villanos, así lo afirman todos cuantos fueron alimentados forzosamente durante sus huelga de hambre. Sería una muestra más de la vulneración flagrante de los Derechos Humanos. Tampoco sirve lo que repite el “falangista” Bono cuando coloca “nuestras leyes” por encima de los Derechos Humanos negando la supremacía de los Tratados Internacionales sobre el derecho interno. ¡Qué se puede esperar de este ejemplar!. Qué se puede esperar de todos ellos, solamente escarnecer derechos, pisotear personas y humillar la dignidad de quies sí la tiene, pues ellos no saben de ella más que de referencia.

“Se llegaría, entonces, a una especie de “Feudalismo Jurídico”, donde los ciudadanos tendrían que buscar qué grupo les ofrece mejores garantías para proteger sus derechos humanos, y acogerse a su protección. A nadie se le oculta que de allí se seguiría necesariamente la desigualdad de los ciudadanos ante la ley; la destrucción del Estado de Derecho; la desnaturalización misma del concepto de derechos humanos’ y el rápido deslizamiento hacia la barbarie.” (Procuraduría General de DD.HH. de Colombia. Segundo Informe. Bogotá 1993)